Posts

En reconstrucción: la obra de mi vida

Hace mucho tiempo que no escribo. A veces, ni siquiera encuentro el motivo. He dejado este blog en pausa, junto con mis pensamientos, sin plasmar nada en palabras. Pero hoy escribo para demostrarme a mí mismo que estoy bien. Desde la última vez que solté mis ideas sobre el papel, han pasado cosas buenas y malas. Sigo avanzando. Tengo un trabajo donde me perfecciono cada día. Tengo una familia que me quiere, una novia que me apoya y me ama, y una salud que intento mejorar constantemente. Es cierto que he descuidado mis entrenamientos y he dejado de lado los libros de educación financiera. Pero esa educación sigue siendo una fuente de inspiración, un faro que me recuerda mi meta: ser dueño de mi tiempo. No quiero depender de trabajos agotadores ni sacrificar momentos con mi familia, con mi novia, ni siquiera mis propios encuentros conmigo mismo. En el trabajo, mi patrón se enojó porque el panificado no salió como esperaba. Pero no me frustro. No retrocedo. Camino hacia adelante porque mi...

Prefiero el silencio

 Hubo una vez en que yo me enamoré, pero vos nunca lo vas a entender. Corrí contra el viento, grité contra el tiempo, y aún así no pude vencer. Quiero que mi corazón te olvide, pero hay algo en mí que no quiere ceder. Una espina enterrada, un eco en la almohada, pensando en vos sin querer. Te dejo crecer y te dejo volar, como un pájaro herido que aprendió a soñar. Me aferro al recuerdo y lo dejo sangrar, porque amar de verdad siempre duele al final. Tantas cosas pudimos evitar, tantos gritos podríamos callar. Pero la inseguridad fue como un fusil, nos disparó y no pudimos huir. Hoy te recuerdo con dolor, con cariño y un poco de odio. Pero mi corazón aprendió a pelear, a esquivar las balas, a enfrentar. Vivís en mi mente, aunque estés lejos, como un fuego que nunca murió. Y ahora en la calma de este silencio, prefiero quedarme solo con mi voz.

Diario de un alma Errante

 El reloj marcaba las 11:30 a.m., pero mi mente estaba atrapada en las 8:00. Esa hora fantasma donde todo lo que debería haber hecho ya está hecho, pero nunca lo estará. Me levanté sintiéndome como un espectador de mi propia vida, siguiendo un guion que no escribí y cuya trama no comprendo. El café estaba amargo, incluso con azúcar. La factura era una excusa para masticar algo, mientras el sabor del arrepentimiento se quedaba impregnado. Afuera, el mundo seguía su curso, y yo tenía un boleto de ida al caos cotidiano: mi trabajo. El aire en ese lugar era pesado, cargado con los gritos no dichos y las lágrimas tragadas de una mujer atrapada. Su marido era un volcán de ira, siempre al borde de la erupción, y ella... ella era la roca que sostenía a sus hijos mientras el suelo temblaba bajo sus pies. Era una escena que no necesitaba música para ser trágica. Terminé el trabajo, limpiando como quien borra las huellas de un crimen. El autobús me esperaba, como siempre, una metáfora rodante...

La maldita comedia de ser Yo

La amistad, ¿qué es eso realmente? ¿Un contrato firmado por dos almas errantes o una condena a la que te atienes sin saberlo? No tengo las respuestas, pero sí tengo los recuerdos. El mundo, a veces, se siente como una serie de asteroides, como pequeñas rocas cayendo sobre un planeta que creía invencible. Cada persona que se cruza en tu vida es un golpe directo, un impacto sutil, pero constante. Gente muerta, asteroides rotos, viejas huellas de mundos que alguna vez respiraron, tal vez, por los mismos motivos que yo. Y entonces, uno se pregunta: ¿quién nos salva de este polvo cósmico? La respuesta, si alguna vez llega, no es fácil de digerir. Hay gente que me ha tocado el alma. Esos seres, esos destellos de luz que se asoman entre tanta oscuridad. Y sin embargo, la vida no me permitió quedarme en su brillo. La sociedad no lo permitió. Como si no existiera espacio para lo genuino en un mundo lleno de reglas. Mi familia, con su jerarquía rígida, me enseñó que hay límites que no se pueden ...

Rostros en el espejo

Volví a abrir un blog. No es personal, ni debería serlo. Pero hay algo en las palabras, en esas malditas palabras que se deshacen entre mis dedos, que me empujan a escribir. Es como si algo dentro mío, algo que no se puede ver, estuviera buscando escapar. Pero la verdad, no sé ni para qué lo hago. Quizás para seguir existiendo en un mundo donde nadie me encuentra, donde las etiquetas se pegan sin compasión. A veces me pregunto: ¿quién soy? ¿Soy lo que dicen de mí? ¿Soy una mala etiqueta, como me dicen algunos? ¿Un buen hombre, como me gustaría ser? O quizás soy solo lo que soy: una mezcla de defectos, de sombras que se cruzan y se enredan en algo que ni yo mismo reconozco. Y, sin embargo, aquí estoy. Vivo, o al menos intento estarlo. La gente… ¿qué se puede esperar de ellos? Algunos me llaman cobarde, otros traidor. En cada esquina me esperan con una nueva etiqueta. Ladrón. Depravado. ¿Qué más? ¿Qué no soy en su mirada? Cada juicio una condena, cada palabra un cuchillo. No sé si me due...